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domingo, 1 de septiembre de 2013

¿PORQUE EL ARCOÍRIS TIENE FORMA DE ARCO?

La explicación a uno de los fenómenos más hermosos de la naturaleza
Las gotas de lluvia, aunque habitualmente se representan en forma de lágrima, en realidad son prácticamente redondas. Cuando un rayo de luz entra en una gota, su luz se descompone en colores (como ocurre con la luz que atraviesa un vaso de cristal, por ejemplo), y también cambia algo su dirección. Cuando esta luz llega al lado opuesto de la gota e intenta salir de ella, una pequeña fracción no lo consigue y se ve reflejada hacia atrás, casi saliendo de la gota por donde había entrado. Es decir, las gotas de lluvia reemiten hacia atrás un pequeño porcentaje de la luz con que son iluminadas, descompuesta en colores. Pero no exactamente hacia atrás. Dado que las paredes de la gota son curvadas, como resultado de reflejarse y refractarse entre tanta superficie curva, al final la luz sale reemitida hacia atrás formando un ángulo de 138º respecto de la luz incidente. Este ángulo es el que explica el arcoíris.
Supongamos la siguiente situación. Tenemos el Sol a nuestra espalda, cerca del horizonte, y a lo lejos frente a nosotros está lloviendo, y todas esas gotas de lluvia están siendo iluminadas por el Sol. Todas ellas están reenviando hacia atrás una parte de la luz del Sol, descompuesta en colores. Pero yo no veré esta luz proveniendo de todas las gotas de lluvia, sino solo de algunas: de aquellas que, respecto de mí, formen justo un ángulo de 138º con la luz del Sol, pues solo en ese caso la luz reemitida hacia atrás llegará hasta mis ojos.
El conjunto de todos los puntos de la cortina de lluvia que, respecto de mí, forman un ángulo de 138º con la luz del Sol, es un aro, un anillo.Por tanto en realidad deberíamos llamarlo «aro Iris», pero la parte inferior de este aro queda cortada por el suelo (donde no hay gotas de lluvia), con lo que lo vemos como un arco. En algunas circunstancias es posible ver el anillo al completo, por ejemplo si estamos en el borde de una catarata y tenemos el Sol a nuestra espalda y la espuma que genera la catarata está delante de nosotros. O podemos fabricarnos uno: si tenemos una manguera de jardín con una boquilla que nebulice el agua, y la ponemos en marcha delante de nosotros con el Sol a nuestras espaldas, veremos el aro al completo.
Por supuesto, en cuanto me mueva un poco hacia un lado, ya no me llegará la luz procedente de las mismas gotas, sino de las que están al lado. Es decir, en cada posición veo un arcoíris distinto. Dos personas que vean juntas un arcoíris no verán exactamente el mismo: las gotas que reenvíen hacia nuestros ojos la luz del Sol descompuesta en colores no serán las mismas gotas para uno y para otro. Esto es más evidente cuando las gotas están más cerca de nosotros, como en el caso de la manguera, o si nos movemos a gran velocidad, como cuando vemos el arcoíris desde un coche en movimiento.
A menudo veremos que el arcoíris no es único, sino doble (o incluso triple). Esto es debido a que la luz dentro de la gota sufre más reflexiones antes de salir de ésta (aunque a más reflexiones se va debilitando, y estos arcoíris secundarios son cada vez más tenues; el arcoíris terciario es prácticamente inapreciable). El segundo arcoíris sale hacia atrás formando unos 130º con la luz incidente del Sol, con lo cual parece mayor. Por último, si el Sol está muy alto sobre el horizonte (más de 40º), la localización del arco quedará por debajo del horizonte, y no se verá arcoíris alguno.
Por Fernando Ballesteros, del Observatorio Astronómico de la Universidad de Valencia.

DUENDES DE LAS TORMENTAS

JASON AHMS
"Duendes de las tormentas" sobre Nebraska
Cualquiera que nunca haya oído hablar de ellos y casualmente los vislumbre en medio de una tormenta puede llevarse un buen susto. No es para menos. Unos flashes rojos, brillantes, con forma de columnas, zanahorias o medusas flotando en el cielo que aparecen y desaparecen en una milésima de segundo despiertan la imaginación de los más descreídos. Los científicos los han bautizado con razón con el nombre de las criaturas míticas de los cuentos, pero estos "duendes de las tormentas", como se les conoce, no son ni figuras fantasmales, ni avistamientos ovni ni ninguna otra cosa sacada del más allá. Se trata de fenómenos eléctricos muy luminosos extremadamente difíciles de observar, por lo que resultan generalmente imperceptibles a no ser que uno tenga la suerte de estar mirando directamente a ellos.

Estas ráfagas de luz se producen a más de 80 kilómetros sobre el suelo y pueden elevarse hasta 48 km de altura, pero duran solo unos pocos milisegundos. Por eso, son muy difíciles de ver desde el terreno y durante mucho tiempo solo los pilotos de líneas aéreas informaban de sus apariciones. Estos testimonios se han producido durante casi un siglo antes de que los científicos de la Universidad de Minesota atraparan unos "duendes" accidentalmente con su cámara, en julio de 1989. Desde entonces, investigadores a bordo de aviones han conseguido fotografiarlos de vez en cuando, pero lograrlo sigue siendo algo excepcional. En 2010, fueron grabados en vídeo de alta velocidad por primera vez en Europa. Y un grupo de científicos, con la ayuda de la televisión japonesa NHK, repitió la hazaña en 2011 desde un avión en los cielos de Denver, Colorado.

Las últimas imágenes de "duendes de las tormentas" han sido tomadas por los mismos investigadores de la Universidad de Alaska-Fairbanks con una cámara digital y una cámara de vídeo de alta velocidad durante varios vuelos de investigación en medio de tormentas sobre el estado de Nebraska.

LA VACA CAMPERA Y EL CONCURSO "CACA DE LA VACA"

La vaca "Campanera" y el concurso "Caca de la Vaca".
FOTO EFE
En 1961, Piero Manzoni llenó 90 latas de metal con sus excrementos, les puso un cartel con las palabras "Mierda de Artista" y algunas llegaron a costar 124.000 euros.
Casi 52 años después de la idea de Manzoni, otros excrementos, los de la vaca "Campanera", le han dado a una persona, la cantidad de 6.000 euros. La idea la ha puesto en práctica la Hermandad del Rocío de la localidad de Cartaya ( Huelva ), que hace meses empezó a maquinar la forma de conseguir fondos para su carreta, con la que ir oficialmente de romería, y para ello ideó juntar un terreno, una vaca de media tonelada y 6.800 parcelas de medio metro cuadrado.
La fórmula es muy sencilla: cada parcela se vendió en papeletas al precio de 2,50 euros, y cuando se completó entró en liza un topógrafo, que con tecnología satélite marcó digitalmente todo el terreno que ha recorrido el rumiante en cuestión.
El reglamento del concurso marcaba que solo una señal acústica, que se emitió a las doce de la noche, indicaría desde cuando serían válidos los excrementos de "Campanera", que, como si conociese las normas del concurso, mantuvo su digestión «relajada» durante las cuatro primeras horas. 
Toda la escena recordaba a la que se vive cada 2 de febrero desde 1887 en Punxsutawney (Estados Unidos), donde todo el pueblo espera desde la madrugada que, ese día, una marmota pronostique con su sombra la duración del resto del invierno. Así que "Campanera", como la marmota americana, se lo tomaba con calma, pero la tranquilidad de la noche cambió, justo a las 4:06 soltó sobre el suelo cartayero el esperado excremento. A continuación le tocó el turno de trabajo al topógrafo, se paró la música y 4.000 personas aproximadamente, papeleta en mano, aguantaron la respiración, porque, y esto era lo importante, nadie sabía qué trozo de parcela era el que correspondía a su papeleta, parcela que resultó ser la numerada con el 1.265, lo que se ha hecho público ya a las 5:03 de la madrugada.
 El éxito de la cita ha sobrepasado todo lo esperado por la organización así que es muy posible que se repita el año que viene.